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miércoles, 22 de abril de 2009
Manos. Delia Aguiar
Cuando no hablas dicen que te ha comido la lengua el gato, cuando no escribes dirán que te ha comido la mano el gato. Y es que mi mano está en el rincón de algún camastro de mascota, en la esquina de una de esas cestas acolchadas con tela a cuadros donde se meten los animales a dormir. Está siendo olisqueada y sin ningún aroma interesante es abandonada junto a otros juguetes de morder, desenhebrar o arañar. No tengo manos porque ya no tengo corazón, él se llevó lo que había. La última vez, en su despacho, yo junté sus palmas como si le pusiera a rezar a la altura de mi boca, y luego besé el punto de unión de sus dedos corazones. Él introdujo su mano por mi escote, hizo hueco por el sujetador y la dejó allí quieta, posada sobre un montículo de carne templada. Todo el tiempo que gastamos en mirarnos a los ojos en silencio esa mañana es el tiempo que yo debería usar en escribir, un concentrado de tiempo. Pero nuestras manos dicen cosas tan distintas, tienen letras tan desacordes en el tiempo que ya no comprendo qué es mi mano, qué es la suya, y sólo sé que debo separarlas. Pero esa separación es ajena a mí, soy incapaz de llevarla conmigo. Lo que dejo lo dejo en el camino y mi mano queda abandonada en el camastro de algún animal doméstico. Apenas puedo decir nada, sólo emitir convulsiones, convertirme en un pulpo lleno de tentáculos que se agitan como los dedos de una mano enorme que jamás podrá decir nada ordenado, porque en su centro sólo hay rejas, una pequeña ventana construida con las líneas de la mano. Jamás nos enseñaron que las líneas de la mano eran las rejas.
lunes, 22 de diciembre de 2008
Artistas invitadas: Ángela y Delia
Nos imagino:
miramos por la ventana
en tu cuarto,
lejos.
Hay luces de navidad
por todas partes,
es de noche
y todo brilla,
menos nuestra casa.
Bendita la oscuridad
que nos rodea.
La penumbra
donde por primera vez
nos leemos
como autos de choque,
nuestros dedos
lenguas
piel
oscuridad extrema
del latido subterráneo.
En nuestra casa -te digo-
la luz brilla fuera.
Ángela Torrijo Arce
CANCIÓN CALLADA
Se abren los espejos de la vida
desangrados con la misma dulzura de la fruta
y salpican su historia en los callados.
Y los callados piensan
y no tienen mala suerte.
Brindan con las caras del pasado,
ayer, antes de ayer, antes del enigma.
(Sabes tú tanto de mí,
que yo me callo, y tú me quieres).
En un espejo hay vaho de un suspiro
la distancia personifica una minúscula nube
en la que de vez en cuando asoman tus manos
tan cuidadas
marcando el lenguaje de signos de la vida.
Ando entre semáforos besando el verde
yo, tan torpe, fríos mis labios de cristales.
Mi abismo y mi antifaz
tú me los guardas.
Alguien nos hizo ser así, sólo personas,
un envoltorio de palabras
sin letras ni hormiguero en el que definirse dichas letras.
Desear metros de abrazos
poder sentir sólo uno y no decirlo
por si algo encaja.
Callada siempre
desato el collar que nunca tuve
y la habitación salta en orquesta de abalorios.
Te escribo esta canción callada
y los mercurios ruedan
suavemente felices,
saltan con fiebre de alpinista
con el mismo efecto del aplauso solidario
y ensordecen la boca más sellada
sin negar el cuerpo.
Esa ecuación a medias ya no asusta.
Tu abrazo, tú, tu espalda,
sois tan vuestros,
guardados en el fondo de un cajón oscuro
que yo abro y miro,
y cierro, pañuelito rosa,
tan humildemente doblado.
Di que fuimos en algún sitio
y que ahora volvemos sólo a ser de nuevo
si es que se puede ser un poco más.
Delia Aguiar
miramos por la ventana
en tu cuarto,
lejos.
Hay luces de navidad
por todas partes,
es de noche
y todo brilla,
menos nuestra casa.
Bendita la oscuridad
que nos rodea.
La penumbra
donde por primera vez
nos leemos
como autos de choque,
nuestros dedos
lenguas
piel
oscuridad extrema
del latido subterráneo.
En nuestra casa -te digo-
la luz brilla fuera.
Ángela Torrijo Arce
CANCIÓN CALLADA
Se abren los espejos de la vida
desangrados con la misma dulzura de la fruta
y salpican su historia en los callados.
Y los callados piensan
y no tienen mala suerte.
Brindan con las caras del pasado,
ayer, antes de ayer, antes del enigma.
(Sabes tú tanto de mí,
que yo me callo, y tú me quieres).
En un espejo hay vaho de un suspiro
la distancia personifica una minúscula nube
en la que de vez en cuando asoman tus manos
tan cuidadas
marcando el lenguaje de signos de la vida.
Ando entre semáforos besando el verde
yo, tan torpe, fríos mis labios de cristales.
Mi abismo y mi antifaz
tú me los guardas.
Alguien nos hizo ser así, sólo personas,
un envoltorio de palabras
sin letras ni hormiguero en el que definirse dichas letras.
Desear metros de abrazos
poder sentir sólo uno y no decirlo
por si algo encaja.
Callada siempre
desato el collar que nunca tuve
y la habitación salta en orquesta de abalorios.
Te escribo esta canción callada
y los mercurios ruedan
suavemente felices,
saltan con fiebre de alpinista
con el mismo efecto del aplauso solidario
y ensordecen la boca más sellada
sin negar el cuerpo.
Esa ecuación a medias ya no asusta.
Tu abrazo, tú, tu espalda,
sois tan vuestros,
guardados en el fondo de un cajón oscuro
que yo abro y miro,
y cierro, pañuelito rosa,
tan humildemente doblado.
Di que fuimos en algún sitio
y que ahora volvemos sólo a ser de nuevo
si es que se puede ser un poco más.
Delia Aguiar
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